Isabel
No suelo volver a leer las entradas de mi blog una vez escritas; prefiero quedarme con los comentarios de quienes la visitan e interactúan conmigo. Sin embargo, hoy estuve releyendo la entrada anterior y me ha parecido tan infantil en algunos aspectos... a veces escribo a golpe de sentimiento del momento, sin pensar, de corazón a teclado, y eso no favorece ni mi inteligencia ni mi calma, ni alienta mi entendimiento.

Ante mí hay mucho por hacer, mucho por decir. La hiel más amarga no puede cambiar el sabor de lo que un alma tiene para compartir. Debo intentar que mi mente encuentre motivos más dulces para escribir, algo de descanso entre tanto barullo... sí, necesito descansar. Los últimos tiempos, yo diría los últimos años, han sido una tortura diaria por mi falta de visión ante las circunstancias adversas.

Ana me dice que debo quedarme con lo bueno que tuve... buscando entre todo ello recordé algo que hice una vez.

"Debes prometerme que, nos pase lo que nos pase, tú sobrevivirás". No entendía por qué debía hacer esa promesa, ante algo así una sólo piensa en la barbaridad que representa centrarse en uno mismo antes que en el otro. Ahora comprendo que llegó el momento de cumplir, quizá no a quien me obligó a prometer, sino a mí misma.

Intentos... eso es lo único que puedo acometer ahora, pero ya es un paso. Intentar abrir los ojos, intentar dormir y reponerme, intentar mirar el cielo y ver que, salga el sol o llueva, aún puedo esbozar una sonrisa.
3 Responses
  1. Ana Says:

    Gracias por reaccionar, me sentí algo preocupada después de escribir mi comentario, dudé si me habría expresado bien, a veces me cuesta transmitir.

    Isabel, la muerte me arrebató en nada los dos hombres de mi vida, mi padre y mi pareja con el que tan sólo pude convivir dos años.

    Prometí ser feliz y lo cumpliré, cueste lo que cueste. Te invito a intentarlo juntas, a seguir leyéndonos y compartiendo tormentas y amaneceres.

    Te dejo parte de la letra de un tema precioso, espero sea de tu agrado. "Historia de un sueño" La oreja de van Gogh


    Perdona que entre sin llamar,
    no es esta la hora y menos el lugar.
    Tenía que contarte que en el cielo no se está tan mal.

    Mañana ni te acordarás,
    " tan sólo fue un sueño" te repetirás.
    Y en forma de respuesta pasará una estrella fugaz.

    Y cuando me marche estará mi vida en la tierra en paz.
    Yo sólo quería despedirme, darte un beso y verte una vez más...

    Promete que serás feliz,
    te ponías tan guapa al reír.
    y así, sólo así,
    quiero recordarte.
    Así, como antes,
    así, adelante,
    así, vida mía,
    mejor será así.

    Ahora debes descansar,
    deja que te arrope como años atrás.
    ¿ Te acuerdas cuando entonces te cantaba antes de ir a acostar?

    Tan sólo me dejan venir
    dentro de tus sueños para verte a ti.
    Y es que aquella triste noche no te di ni un adios al partir.

    Y cuando me marche estará mi vida en la tierra en paz.
    Yo sólo quería despedirme, darte un beso y verte una vez más...

    Promete que serás feliz,
    te ponías tan guapa al reír.
    y así, sólo así,
    quiero recordarte.
    Así, como antes,
    así, adelante,
    así, vida mía,
    ahora te toca a ti,
    sólo a ti,
    seguir nuestro viaje.
    Se está haciendo tarde,
    tendré que marcharme.
    En unos segundos vas a despertar...

    Un solidario abrazo,
    nos leemos


  2. Isabel Says:

    Ana, no te expresas mal, ¡¡si escribes de maravilla!! Y tienes tanto por compartir... las vivencias de cada uno siempre sirven, si no a veces para mejorar a nivel personal, sí para ayudar a otros a tener otra visión de las cosas.
    Te agradezco que estés ahí.


  3. celtaj Says:

    "...Cuánta pena se lleva dentro después de que las palabras de amor de un día se conviertan en reproches al siguiente y en silencio profundo más tarde...".
    Qué incomprensión de quién recibió mucho más de lo que dió un día. Qué ingratitud la del amor, que cuando más recibe más egoísta se vuelve...
    Qué dolor el de ese silencio profundo y postrero, el de la indiferencia inhumana.
    Pero mi vida es mi vida, y yo soy su dueño... y atado, herido, embestido... ganaré, porque aún soy digno.
    Un abrazo.